Vivimos en un mundo que experimenta aumentos masivos en la
producción de bienes de consumo básicos, sin embargo, el desarrollo
técnico que este proceso ha traído consigo implicaciones en la sociedad y
en la naturaleza: aumento en el uso de energía y de materias primas, riesgos
industriales, generación de residuos, agotamiento de recursos.
Clásicamente, la innovación se asocia a tecnología cuando,
en realidad, la innovación va mucho más allá. Puede tratarse de innovación
de producto, pero también se puede innovar en procesos operativos o
comerciales o, incluso, podemos hablar de innovaciones organizativas.
Por eso, la innovación no hace referencia únicamente a implantar tecnología,
hay otras maneras de innovar. Por ejemplo, innovar puede ser cambiar las formas
de hacer algo o aplicar buenas prácticas todavía no implementadas en un sector
determinado. Sólo que algo sirva para mejorar los procesos o hacerlos
diferentes de la competencia, ya se puede decir que es innovación.
Los escenarios deseables están encaminados a: intensificar
el reciclaje y la reutilización, y reducir al mínimo de los desechos
peligrosos; el uso eficiente de la energía; el empleo de las nuevas tecnologías
de la información y comunicación para el control de procesos y mejorar la
productividad; la eficiencia en el uso de materiales; así como el empleo de
nuevos materiales con enfoques más flexibles de las producción; y aquellas que
contribuyen a la conservación de la energía y recurso







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